Filosofía – El pensamiento de Vattimo como hermenéutica de la disolución

Doctor Carlos Pairetti.

Por razones que expondré de inmediato considero que el hilo conductor para una lectura aggiornata del pensamiento de Vattimo puede ser bautizado como hermenéutica de la disolución.

En pocas palabras, esta hermenéutica de la disolución comporta un doble sentido, a saber: como pensamiento que estimula la disolución de la realidad y como pensamiento que acompaña esta disolución. El primer sentido atañe, groso modo, al denodado esfuerzo de Vattimo por interpretar la realidad a la luz de las conclusiones nihilistas de Nietzsche y Heidegger, respectivamente. Mientras que el segundo se vincula a la importancia que Vattimo otorga al Ge-Stell heideggeriano, esto es, al evento científico técnico, el cual representa no sólo el último momento de la metafísica, sino también el primer paso para su superación. En función de la creciente atención prestada por Vattimo al fenómeno del Ge-Stell, del interés prestado a su llamada e interpelación, sin condenarla ni condenando los resultados de estos desarrollos, bien puede calificárselo como filósofo de la técnica[1]. En este orden de cosas, el acontecimiento que implica la racionalización operada por la tecnociencia, será el marco privilegiado para el desarrollo de la hermenéutica de la disolución, toda vez que esta se muestra como un pensamiento capaz de aprender tal acontecimiento y de dar cuenta de una noción de ser no ya identificada con la presencia.

La atención concedida por Vattimo al evento Ge-Stell, hasta donde mi conocimiento alcanza, no ha sido puesta de relieve suficientemente por parte de los intérpretes[2]. En cualquier caso, muchos de los estudiosos de Vattimo, cuando aluden al Ge-Stell lo hacen de manera tangencial, sin profundizar demasiado en las implicancias de este fenómeno para la configuración de su pensamiento hermenéutico. Así, pues, un intérprete autorizado como Giovanni Giorgio, en su lúcido estudio del pensamiento de Vattimo, con el propósito de indicar el paso de un pensamiento dialéctico hacia uno hermenéutico, subraya que el Ge-Stell es esa palabra que le permitirá al pensador italiano articular un camino de emancipación de la metafísica. Vale decir que, “el Ge-Stell constituye una especie de interfaz entre el pensamiento metafísico y el pensamiento hermenéutico en el sentido de la Verwindung del primero por parte del segundo”[3].mh

Aquí es oportuno hacer notar que cuando Vattimo habla del Ge-Stell como chance de superación de la metafísica, alude preferentemente a la dimensión comunicativa de la tecnología moderna, esto es, “la técnica de recogida, ordenamiento y distribución de las informaciones”[4]. Con todo, jamás descuida lo concerniente, para expresarnos en términos generales, a la tecnología mecánica del motor o a la biotecnología, sino que, antes bien, asume todos aquellos avances cuyos desarrollos permiten disolver el macizo horizonte de la antropología tradicional, o lo que es igual, la noción de naturaleza humana, toda vez que la manipulación operada por la técnica posibilita modificar la entidad “hombre” en las prácticas de laboratorio. Huelga aclarar que esta disolución del universal “hombre” involucra cuestiones éticas y religiosas, esferas dentro de las cuales se hace dramáticamente visible el declinar de una antropología tradicional hacia una antropología a la medida de la técnica. En otras palabras, “la entidad metafísica que en un tiempo fue objeto de especulaciones abstractas y definiciones filosóficas, se ha transformado hoy en una entidad concreta, disponible en el laboratorio en la forma del genoma y susceptible de ser tratada y modificada”[5]. Como puede notarse entonces, el GeStell visto ya desde su dimensión comunicativa ya desde el aspecto mecánico, reviste para Vattimo una importancia absolutamente decisiva al momento de delinear su pensamiento hermenéutico. Por lo que cualquier estudio que haga caso omiso de la incidencia del Ge-Stell sobre su perspectiva filosófica, corre el riesgo de no hacer justicia a la radicalísima novedad de este fenómeno para la configuración disolutiva de su concepción de la hermenéutica.

En rigor, en lo que a la especulación de Vattimo respecta, hay que decir que existe una intrincada relación entre las esferas de lo real, esto es, la ética, la estética, la política, la religiosa y antropológica, a punto tal que con cierta frecuencia se produce una especie de confusión entre ellas haciendo un tanto difícil hablar de una solución de continuidad en el interior mismo de su reflexión. El propio Vattimo refrenda esto, apuntando lo siguiente: “No acepto la objeción que me han hecho algunos colegas, según los cuales exagero la politización de la filosofía, porque la sola idea de que pudiera haber un modo de experimentar la verdad más allá de las relaciones sociales me resulta dudosa”[6]. Así también a la pregunta sobre la relación entre filosofía y teología, Vattimo responde que él desde su perspectiva del pensamiento débil no ve tanto una diferencia radical de tipos de saberes diversos. A esto añade que siempre le turbó el procedimiento de Ricoeur, quien ante cualquier tipo de análisis distingue invariablemente las disciplinas epistemológicas. En atención a la relación entre filosofía y teología, aboga a favor de una especie de continuidad, porque la revelación cristiana es la tradición de la cual viene también nuestra filosofía[7].

A esta luz queda suficientemente claro que la reflexión de Vattimo no procede distinguiendo afanosamente las disciplinas, por el contrario, en la mayoría de los casos su esfuerzo consistirá en demostrar la complicada “contaminación” que existe entre ellas, sin perder de vista jamás el riesgo de avasallamiento real de parte de una por sobre el resto. Para contrarrestar esta tendencia, hará referencia constante a la necesidad imperiosa de establecer consensos blandos, articulados no tanto en virtud del diálogo, cuanto de la conversación. Cabe destacar que en los últimos años Vattimo prefiere la noción de conversación a la de diálogo, porque ella implica la ruptura del orden que los diálogos protegen, incluso más, porque en el intercambio conversacional la verdad no se presupone, sino que queda descartada desde el principio[8]. Y, en consecuencia, la noción de verdad para Vattimo ya no es más un acuerdo articulado en virtud de una verdad previa, sino el resultado de un acuerdo. Más precisamente, “no es que nos pongamos de acuerdo porque hemos descubierto la verdad, sino que decimos haber encontrado la verdad cuando nos ponemos de acuerdo”[9].

Es indispensable aclarar que si bien esta hermenéutica de la disolución persigue como propósito fundamental la superación de la metafísica, apoyándose para ello, y esta es mi contribución discutible, ante todo en los efectos del Ge-Stell, sin embargo, de otra parte también tiene ante sí el desafío de hacer cuentas con el problema de elucidar los límites de esta disolución de lo real. A la vista de esto, la cuestión que se plantea aquí es la siguiente: ¿Qué queda una vez que se ha logrado liquidar la realidad objetiva, o mejor, con qué contamos cuando la metafísica llega a su fin? Ante todo es necesario remarcar que “el final de la metafísica no es algo que debamos aceptar inevitablemente como un hecho; es el significado que nosotros atribuyamos, por nuestro interés, a las vicisitudes narradas por Nietzsche y Heidegger”[10].

Dicho de otro modo, “la metafísica no es algo que se pueda hacer a un lado como una opinión o que se pueda dejar como una doctrina en la que ya no se cree”[11].

Quien ha desarrollado esto en profundidad es el propio Heidegger al hablar de la superación Verwindung de la metafísica, término que Vattimo adopta y traduce como “caída distorsionante” y “ponerse de nuevo” (en el sentido de “reponerse de”, “ponerse de nuevo a”, y también en el “proyectarse hacia el futuro”)[12], logrando así, evidenciar la continuidad no dialéctica con la tradición, la procedencia distorsionante respecto de la metafísica occidental. Este término Verwindung encuentra su correlato ─con todas las salvedades del caso, claro está─ en la noción de “nihilismo activo” de Nietzsche. A juicio de Vattimo, el nihilismo nietzscheano, no es sólo la disolución de todos los valores y principios, sino también, en su sentido activo, la posibilidad de iniciar una historia diferente[13].

Por lo demás, cuando Vattimo reflexiona en torno a los límites de la disolución, siempre lo hace teniendo presente la problemática convergencia de estas posturas de Nietzsche y Heidegger. Podría decirse, entonces, que la meditación de Vattimo articulada en torno a la hermenéutica de la disolución, intenta moverse en todo momento en el complejo horizonte reflexivo que conjuga a un tiempo la muerte de Dios anunciada por Nietzsche, cuya lógica consecuencia se enuncia en la sentencia “no existen hechos, sino interpretaciones”, con la noción de la diferencia ontológica heideggeriana, que halla su culmen en el Ge-Stell.

Gianni Vattimo II

De acuerdo a lo dicho, el mayor desafío para la hermenéutica de la disolución será pensar la realidad buscando ir más allá de la metafísica, pero, evitando a su vez, postular un modelo alternativo, lo cual implicaría repetir el juego metafísico del que desea escapar. En este difícil equilibrio deberá moverse esta hermenéutica, toda vez que reflexione sobre cualesquiera planos de la realidad. Para el logro de este cometido, Vattimo recurrirá en todo momento a una batería de nociones muy caras a Heidegger, haciendo evidente así, que la estructura conceptual, la forma mentis de esta hermenéutica de la disolución es principalmente heideggeriana y, sólo secundariamente, nietzscheana. Así pues, sobre la ascendencia heideggeriana de la hermenéutica Vattimo apunta lo siguiente: “la hermenéutica, si es válida nuestra propuesta, se legitima con un relato de la modernidad, es decir, de la propia proveniencia, que también habla, y antes que de otra cosa, del destino del ser. Y no únicamente porque esté en relación con este tema, pero hay que decir que, en Heidegger, se construyeron las bases de la filosofía de la interpretación contemporánea”[14].

En esta línea de análisis, Vattimo dejará sentado que concibe la superación de la metafísica tras la huella de Heidegger como una lectura de la historia del “ser como historia de un ‘largo adiós’, de un debilitamiento interminable del ser; en este caso la superación de la metafísica se entiende únicamente como un acordarse del olvido, nunca como un volver hacer presente el ser, ni mucho menos como término que siempre está más allá de toda formulación”[15].

La disolución de la realidad ora acompañada ora estimulada por esta hermenéutica disolutiva, desemboca en la Geworfenheit heideggeriana, y dentro de su finitud e historicidad debe hacer cuentas radicalmente con un ser que no es sino un envío, GeSchick. En este orden de cosas, el pasado puede ser asumido como “gewesen, como un haber sido que todavía se presenta como posibilidad de decidir con libertad, significa aceptar la historia como abierta al futuro”[16]. Con vistas a despejar cualquier equívoco sobre esto, Vattimo anota lo siguiente, “se puede en efecto, pensar, ─todavía con Heidegger─ que toda experiencia de verdad es una articulación interpretativa de una precomprensión en la que nos encontramos por el hecho mismo de existir como seres-en-el-mundo; pero no creer que la precomprensión sea estructural, constitutiva de nuestra humanidad como tal, de la razón igual para todos, etc. ─como son constitutivas las formas a priori del trascendental kantiano[17].

En este marco, en lo que atañe a la reflexión sobre la ciencia, Vattimo homologa, por así decirlo, la Geworfenheit heideggeriana con la noción de paradigma o de “ciencia normal” de Kuhn, pero corrigiendo el sentido de estos paradigmas, a su modo, veamos: “Los paradigmas de Thomas Kuhn son creencias compartidas, aunque también consolidadas por el tiempo y la experiencia adquirida en el contexto que éstas garantizan, por sociedades enteras y por comunidades separadas (físicos, teólogos, etc.). Se trata siempre, en la base, de fenómenos de pertenencia”[18]. Dicho de otra manera, toda verificación y falsificación de proposiciones científicas, sólo es posible en la medida en que los enunciados y estados de cosas “se encuentran en una relación generada preliminarmente por una apertura que a su vez no es objeto de descripción verificativa o falsificable si no es con la condición de situarse dentro de una apertura superior, más originaria”[19].

De este modo, se puede continuar hablando de verdad, de verificación y demás, pero siempre en el horizonte de una apertura previa, no trascendental sino heredada. Incluso más, el auténtico límite de la validación o refutación de una verdad científica, esto es, el momento de verdad de toda ciencia, no es patrimonio exclusivo de expertos, sino que debe incluir a todos aquellos que directa o indirectamente están involucrados con aquella verdad. Siempre debe haber espacio para discutir cierto paradigma, jamás este puede pasar del valor canónico otorgado en un determinado momento histórico y en cierta sociedad, a una vigencia universal y definitiva. Frente a esto Vattimo señala que “proponer otro orden histórico-social, también a partir de la insatisfacción por algunos aspectos del paradigma vigente, es posible no ciertamente con argumentos ‘necesitantes’ de tipo ostensivo ─ ‘te muestro que’─, sino sólo con discursos edificantes ─ ‘no te parece que sería mejor sí’”[20].

Este embate contra la tendencia a conservar cierto paradigma, desarrollado desde el arco reflexivo Nietzsche-Heidegger, concierne al primer aspecto de la hermenéutica de la disolución, esto es, a todo aquello vinculado con un pensamiento que busca denodadamente disolver la realidad. Sin embargo, Vattimo en ningún momento quitará la mirada del Ge-Stell, dado que, a su juicio, en tal fenómeno residen las problemáticas y genuinas esperanzas de emancipación de la metafísica. Quizás la hipótesis más plausible sobre el Ge-Stell como el ‘primer relampaguear del Ereignis’, a la que Vattimo se atiene decididamente, es que “despoja al hombre y al ser de las determinaciones que les prestó la metafísica; ante todo las cualificaciones de sujeto y objeto”[21]. En un enésimo modo en que Vattimo se pronuncia acerca de la importancia de asumir radicalmente este fenómeno, apunta que: “el Ge-Stell ha de ser recorrido; esto es, hay que vivir hasta el fondo como destino la experiencia de la disolución del sujeto que nos impone el mundo en el que estamos arrojados”[22].

Este es, a grandes trazos, no sólo el horizonte de referencia sino también el procedimiento típico que sigue la reflexión de Vattimo para cada uno de los órdenes de la realidad, ética, estética, política, etc. Valga como ejemplo el caso de la ciencia, en el que he intentado esquematizar el doble sentido de la hermenéutica de la disolución, una vez más, como pensamiento que estimula y acompaña al mismo tiempo la disolución de la realidad.

Juzgo oportuno cerrar esta síntesis del pensamiento de Vattimo, subrayando que, si bien de un lado mis esperanzas están puestas en lograr el objetivo de contribuir a una lectura ciertamente original del pensamiento de Gianni Vattimo, de otro, mi interés es que, al mismo tiempo, trascienda el ámbito de su personal perspectiva e ilumine buena parte de la reflexión filosófica contemporánea, ayudando a tomar nota de la incidencia del Ge-Stell para la configuración de un pensamiento genuino hermenéutico.

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Bibliografía:

[1] Cfr. Franca D’Agostini Introducción en Vattimo, Gianni, Vocación y responsabilidad del filósofo, Barcelona, Herder, 2012, p.48.

[2] Véase para esto Giorgio, Giovanni, Il pensiero di Gianni Vattimo. L’emancipazione dalla metafísica tra dialettica ed ermeneutica, Milano, FrancoAngeli, 2006.; Zabala, Santiago, Debilitando la filosofía: Ensayos en honor a Gianni Vattimo, (edición Santiago Zabala), Rubí (Barcelona): Anthropos Editorial; Mexico: Universidad Autónoma Metropolitana-Cuajimalpa, 2009; Muñoz Gutiérrez, Carlos, Leiro, Mariano Daniel, Samuel Rivera, Víctor (coordinadores), Ontología del declinar. Diálogos con la hermenéutica nihilista de Gianni Vattimo, Buenos Aires, Biblós, 2009; Oñate, Teresa, Leiro, Daniel, Cubo, Oscar, Nuñez, Amanda (ed.), El compromiso del espíritu actual. Con Gianni Vattimo en Turín, Cuenca, Aldebarán, 2010.

[3] Giorgio, Giovanni, Il pensiero di Gianni Vattimo. L’emancipazione dalla metafísica tra dialettica ed ermeneutica, op. cit., p.75. (Traducción propia)

[4] Vattimo, Gianni, Nihilismo y emancipación, Ética, política, derecho, Santiago Zabala (compilador), Barcelona, Paidós, 2004, p.31.

[5] Volpi, Franco, El nihilismo, Buenos Aires, Biblos, 2005, p.149.

[6] FR, p.103.

[7] Cfr. Giorgio, Giovanni, Dio la posibilità buona. Un coloquio sulla soglia tra filosofia e teologia, Catanzaro, Rubbetino, 2009. p.76. En otro lugar Vattimo dirá: “La modernidad es hija de la tradición religiosa de Occidente: ante todo, como secularización de esta tradición”, Vattimo, Gianni, Más allá de la interpretación, Barcelona, Paidós, 1995, p.85. A esto se puede añadir la sentencia de Benedetto Croce tan cara a Vattimo: Peché non possiamo non dirci cristiani expresa una relación secularizada con la tradición cristiana, y/o con Occidente. Sabemos que la modernidad no sería pensable (…) sin la presencia activa en ella de la herencia del dogma y de la ética cristiana”, Vattimo, Gianni, Nihilismo y emancipación, op. cit., 2004, p.49.

[8] Cfr. Vattimo, Gianni, Comunismo Hermenéutico. De Heidegger a Marx, Barcelona, Herder, 2012, pp.40-41.

[9] Vattimo, Gianni, De la realidad. Fines de la filosofía, Barcelona, Herder, 2013, pp.241-242.

[10] Vattimo, Gianni, Comunismo Hermenéutico. De Heidegger a Marx, op .cit., p.145.

[11] Vattimo, Gianni, El fin de la modernidad. Nihilismo y hermenéutica en la cultura posmoderna, México, Gedisa, p.152.

[12] Cfr. Vattimo, Gianni, El pensamiento débil, Madrid, Cátedra, 2000, p.31.

[13] Vattimo, Gianni, Nihilismo y emancipación, op. cit., p.60.

[14] Vattimo, Gianni, Más allá de la interpretación, op.cit., p.50.

[15] Ibídem. pp.50-51.

[16] Vattimo, Gianni, Adiós a la verdad, Barcelona, Gedisa, 2010, p.16.

[17] Vattimo, Gianni, Más allá de la interpretación, op.cit., p.42.

[18] Vattimo, Gianni, Adiós a la verdad, op. cit., p.19.

[19] Vattimo, Gianni, Más allá de la interpretación, op.cit., p.41.

[20] Vattimo, Gianni, De la realidad, op. cit., p.118.

[21] Ibídem. p.179.

[22] Ibídem. p.181.

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