Filosofía – A favor de la Fratria. ¡un encuentro abierto, un bien común como el Fútbol!

El origen es la matria,

la política es la patria;

y la Fratria es la cultura

(AOO).

La matria es un estadio natural, que incluye el lugar del nacimiento; la patria es un estado artificial, que incluye un cierto consenso político; la Fratria es la mediación intercultural, que incluye el consentimiento interpersonal. La Fratria es una revivencia y un concepto emergente, como dice el amigo J. A. Bergua, y significa el conjunto de fratrías, sororías y mezclas, la hermandad o hermanamiento cultural abierto, basado en el sentido consentido. Se trata de un narcisismo ampliado a todo el mundo, una afiliación basada no en la filiación patriarcal del hijo (filius), sino en la filía o amistad, un encuentro fratriarcal abierto y no cerrado al bien común. Ahora bien, hoy asistimos más bien a la emergencia popular de fratrías sin Fratria, así pues de fratrías tribales o particulares y no abiertas y universales.

La Fratria ofrece una connotación femenina, no solo en su vocablo sino en su origen griego, personificada por la diosa Atenea Fratria. Pero la Fratria de connotación femenina es la reunión de diferentes fratrías, las cuales obtienen una connotación intermasculina complementaria (bajo la advocación de Zeus Fratrio). Esta concepción griega se afianza en el cristianismo, en el que la Iglesia es la Fratria o asamblea cuasi femenina, que consta empero de fratrías de connotación masculina (bajo la advocación del Cristo-frater o hermano), al modo como una Cofradía consta fundamentalmente de cofrades. Ahora bien, en la propia familia humana puede observarse un trasfondo matriarcal-femenino de origen y la emergencia o reacción cuasi masculina. En la actualidad hay que incluir la reacción cuasi masculina del feminismo militante, así como la reacción cuasi femenina del movimiento gay, ambos reaccionan de acuerdo a un modelo medial y androgínico.

Pienso pues que la Fratria como coligación de fratrías ofrece un arquetipo radical que reaparece físicamente en la naturaleza como atracción o cohesión de lo real en su expansión, antropológicamente como aferencia de sentido y culturalmente como alma o ánima del mundo. El filósofo M.Heidegger pudo hablar al respecto del ser de los seres como matriz y logos de lo real, así pues como coimplicación de los entes en su junción o juntura. A nivel metapsicológico llamamos a dicha juntura la conjunción o conjugación de los contrarios, la cópula del ser, la urdimbre que entrelaza los seres, el hermanamiento de la realidad. En este sentido, la Fratria internacional debería ser la ONU como ámbito de las naciones unidas y no solo reunidas, al modo como nuestra Fratria cultural es el español como lengua común con sus diferentes matices, la Universidad es la Fratria como Alma Mater de las fratrías, la Sanidad es la Fratria terapéutica de los enfermos reactivos. La propia Red o Internet es también un símbolo de la Fratria como interlenguaje mediador o mezclador; incluso el Fútbol representa una Fratria de fratrías en torno al círculo del balón encuadrado en un rectángulo. Ahora bien, la auténtica Fratria es nuestra “eutopía”, y responde a la “dualéctica” generalizada entre atracción y reacción,  trasfondo matriarcal-femenino y respuesta patriarcal-masculina.

Mientras tanto olvidamos hoy que la religación de fondo es sagrada, como señaló Durkheim, por eso la Fratria obtiene un trasfondo religioso, siquiera secular o secularizado. En efecto, el auténtico espíritu de la Fratria toma conciencia en el amor y el dolor universal, en la vida y la muerte común, a modo de condensación simbólica y real. A partir de aquí la Fratria puede entenderse como una Iglesia laica universal, cuyo tótem de identidad es la persona universalizable (como quiere Kant). Una tal Iglesia ecuménica sería una Logia o logos cuasi femenino, capaz de albergar y trasformar la vieja verdad masculina y su razón patriarcal, en nombre ahora del sentido interpersonal e interhumano. Pues no se trata de tener la razón o poseer la verdad dogmáticamente, sino de obtener sentido relacional. La Democracia de partidos (enteros) debe en consecuencia revertir en una Fratria de fratrías abiertas y no cerradas al bien común. Basadas no solo en el consenso tradicional abstratoide, sino en el libre consentimiento interpersonal e intercultural, es decir, en la verdad-sentido y en la razón encarnada intersubjetivamente. Por eso la Fratria clásica está presidida por el fratriarca Hermes, el dios del ágora democrática (agoraios).

La Fratria es el ámbito abierto del sentido consentido críticamente. Caminante, no hay camino, se hace camino al sentir: sentir-con o con-sentir. Lo cual no encamina hacia el mero sentimentalismo y el idealismo buenista, sino hacia la razón afectiva y compasiva del hombre por el hombre en un mundo global y local (y a menudo simplemente loco).

Andres Ortiz Oses

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